IMPORTANCIA DE LAS HUMANIDADES EN LA FORMACIÓN DEL INGENIERO

Adaptación del documento escrito por el profesor Asdrubal Valencia Sobre la ruptura entre el aprestamiento científico socio-humanístico y los conocimientos específicos en la formación de ingenieros

 

"Toda obra humana es la materialización de algo espiritual ya sea un producto estético o un producto tecnológico".

INTRODUCCIÓN

La incorporación de ciencia, tecnología y técnica para producir innovaciones, nuevas prácticas industriales, nuevos productos   nuevos servicios es responsabilidad de los ingenieros; son los ingenieros quienes están transformando el mundo; es la tecnología la que revoluciona las condiciones de existencia de la humanidad y la  está afectando profundamente.

Dado el auge actual de este qué hacer material de la tecnología, el ingeniero corre el riesgo de preocuparse más por lo técnico que por lo humano, dejando de lado la mística por el servicio a la sociedad,   el interés por la "cultura", el interés por las humanidades.

Los fundamentalistas ecológicos, los partidos verdes, los filósofos de la ciencia, entrte otros, critican a los ingenieros y los hacen responsables de los problemas que ocasiona la tecnología. Estos con tan poca cultura humanística deben aceptar su restricción y la opinión de los que "saben".

Es por tanto muy importante que la formación del ingeniero incluya, además de los conocimientos en ciencias básicas y áreas específicas de la ingeniería, una formación en las áreas de humanidades que le permitan acceder a una cultura total, y así poder responder con sentido ético y humanitario a esa sociedad que espera lo mejor de su trabajo.

LA UNIVERSIDAD DEBE MEJORAR LA FORMACIÓN HUMANÍSTICA DE LOS INGENIEROS

Todo este problema cultural tan acentuado entre los ingenieros, tiene en este caso muchas razones, una de ellas el aprestamiento que reciben en la universidad y que se considerará brevemente.

Cada año la industria contrata miles de ingenieros con escasamente su grado, quienes no tienen ni conocimientos ni interés en la cultura general, la mayoría de los cuales no desean estudiar más, ni unirse a asociaciones profesionales y apenas llegan a ser técnicos que se llaman a sí mismos profesionales.

Respecto a las universidades, piensan que la industria es su cliente y se pliegan a sus necesidades, dedicando los mayores esfuerzos a la formación técnica de los jóvenes. Las universidades deben reconocer que sus clientes no son las empresas sino los estudiantes, y que los estudiantes deben recibir una formación integral que los capacite no solo para el trabajo técnico y tecnológico, sino para ser actores útiles a la comunidad y a la sociedad.

Pero aunque las universidades sean conscientes y deseen sinceramente ver a sus ingenieros educados de una manera amplia, están muy mal equipadas estructuralmente para acometer esa tarea. Una razón primera es la fragmentación de saberes que ocurre en ella. Casi todo en las universidades está contra cualquier propósito interdisciplinario. En la sociedad existen problemas cuya solución requiere el concurso de muchas profesiones y en las universidades hay departamentos unidimensionales, y esto se refleja en la formación de los ingenieros. Un profesor de primera categoría en Física, en Lingüística o en Historia no progresa en su carrera creando inquietudes en los estudiantes de ingeniería. Tal profesor quiere publicar sobre su propia disciplina, cubrir las necesidades de su propio departamento y trabajar con los mejores estudiantes de su especialidad. Así es como se hace a un nombre, así avanza en el escalafón y así asciende en su profesión. Si se digna enseñar a estudiantes de ingeniería lo hará en sus propios términos, generalmente a grupos introductorios numerosos, que más que atraer espantan a los estudiantes.

En las universidades donde predomina la ingeniería y los departamentos socio-humanísticos son sólo apéndices, es muy posible que el profesorado no sea de lo mejor, y tales departamentos se mirarán con cierta condescendencia. Por su parte la mayoría de los profesores de ingeniería de casi todo tipo de universidades, tienden a ser menos que entusiastas sobre el curriculum no técnico. Después de todo la mayoría de ellos nunca recibió una formación humanística adecuada y encaran el asunto con escepticismo.

Los ingenieros egresados de la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Antioquia adolecen de los problemas señalados, lo cierto es que en general no les falta capacidad técnica, pero están escasos de otros talentos desarrollables. Carecen de agresividad industrial y de facilidad para relacionarse. Por su excesivo tecnicismo son obreros supercalificados y excelentes supervisores, pero no los ingenieros cabales que el país necesita. Ante esta realidad la universidad ha emprendido varios tipos de acciones tendientes a superar esta situación, entre ellos una vasta reforma curricular.

En la actualidad, en nuestra facultad, se observa que los programas tratan de tener una fundamentación básica adecuada, pero este propósito no produce los resultados necesarios por el divorcio que existe entre los cursos de los primeros semestres, que son en la mayoría de los casos de fundamentación, y los cursos profesionales que tienden a ser informativos. En muchos casos se podrá asegurar que estos últimos no requieren de la fundamentación científica previa. Para corroborar ésto, es posible observar como algunos cursos profesionales que requieren conceptos básicos las matemáticas, la fisica y la química, no los dan por sentados, sino que se gastan buena parte de su contenido en proveer de nuevo a los estudiantes con dichas bases, acomodadas a cada curso particular. En resumen los cursos básicos no se incorporan conscientemente al bagaje de los estudiantes, al punto de que muchos de ellos los toman como simples obstáculos que deben superar. Es común encontrar estudiantes de los últimos años repitiendo o validando cursos fundamentales, en un contrasentido indecible.

Surge de bulto uno de los principales problemas que tiene la pretendida fundamentación básica:

ésta no es para los estudiantes una conceptualización generalizada de la realidad. No son algoritmos generales, que sean en cualquier momento aplicables a un caso particular y por eso todas las carreras empiezan especialización tan pronto pueden. Un caso extremo de esta tendencia centrifuga es la ingeniería de sistemas, en cuyo currículo existen cursos especiales de matemáticas desde el primer semestre, ésto va en sentido contrario a lo que se observa en los países donde la ingeniería es fuerte, en ellos la fundamentación básica para la ingeniería es similar y la práctica se obtiene en pequeños trabajos para la industria y las actividades de laboratorio. En estos programas los cursos específicos son pocos y no son informativos en la mayoría de los casos.

En vista de lo anterior se coordinan acciones con la facultad de ciencias, se plantea un currículo donde la fundamentación básica no sea solamente en los primeros semestres sino que se extienda durante toda la carrera y que así mismo la formación técnica se inicie desde los primeros semestres. Se hacen acercamientos entre los profesores de ingeniería, ciencias exactas y naturales y socio-humanísticas buscando un lenguaje común que lleve a la posibilidad de educar mejor nuestros ingenieros.